Tuesday, April 08, 2008

ADIÓS A LAS ALAS

Meninos brincando, Portinari em 1955

Cambió el gusto de la guayaba madura.
No hay arañas tejiendo hilos de plata.
Ningún abejorro verde de buen agüero.
Las estrellas, aun ellas se alejan,
echadas por los neones de la ciudad.

El mundo se volvió alguna cosa.
Alguna cosa que no tiene más olor
o color o brillo.
Alguna cosa que plastifica el alma.
Alguna cosa inodora e impura.

No más el rocío en el pétalo.
Cristal líquido en sordina plegaria,
a bailar delante de los ojos serenos,
mientras balancean verdes las ramas
del almendro.

Cierro los ojos para recordar:
El rocío. El gusto de la guayaba madura.
La astuta arácnida construyendo redes
en desarreglo, ante nuestro espanto.
Aquella estrella que me seguía
En la calle oscura de la infancia.

Todo perdido en un túnel sin acceso.
Las bellas cosas robadas cuando
perdemos la inocencia.
O cuando nos desnudamos de las alas.


BÁRBARA LIA